Simulacros: cada cuánto hacerlos y qué mirar después
Publicado el 26 de octubre de 2026
Cuándo empezar con los simulacros, cada cuánto repetirlos y qué revisar al terminar para que el siguiente te salga mejor que el que acabas de hacer.

Un simulacro no es un test más largo: es el examen entero, con su reloj y su penalización. En el Cuerpo Administrativo de la Seguridad Social eso son 120 minutos, 85 preguntas repartidas en dos partes y un descuento de un cuarto de acierto por cada fallo. El primero, en cuanto tengas medio temario leído; después, uno cada dos o tres semanas. Y a corregirlo dedícale más rato que a hacerlo: ahí está casi todo el valor.

Un test en modo enfoque: una pregunta y nada alrededor. Captura de Cinosura con datos de ejemplo.
Qué cuenta como simulacro y qué es solo un test
La convocatoria describe un ejercicio único con dos partes, las dos obligatorias y las dos eliminatorias, y le da 120 minutos en total. La primera parte es un cuestionario de 70 preguntas con cuatro alternativas y una sola correcta, sobre las materias de los dos anexos del temario. La segunda es un supuesto práctico desglosado en 15 preguntas, también de cuatro alternativas, y solo sobre el anexo I.B, el temario específico. Cada parte se califica de 0 a 50 puntos: hacen falta 25 en la primera para pasar a la segunda, y otros 25 en la segunda para superarla.
Un test de veinte preguntas sobre el tema que acabas de leer no es nada de eso. Está muy bien para fijar lo recién estudiado, pero no entrena lo que de verdad se tuerce el día del examen: aguantar dos horas, repartir el tiempo entre dos partes muy distintas y decidir bajo presión qué contestas y qué dejas en blanco. Cómo encaja cada pieza lo tienes en la ficha de la oposición.
Cada cuánto, y por qué el número depende de ti
No hay una cifra mágica, pero sí un criterio: un simulacro cuando tengas materia suficiente para que el resultado signifique algo, y nunca tan seguidos que no te dé tiempo a arreglar lo que el anterior te enseñó.
Con medio temario leído ya puedes hacer el primero, aunque sepas que la nota va a ser mala. Su función no es medirte, es quitarte de encima la primera vez: el formato, el reloj, la sensación de llevar hora y cuarto y ver que quedan treinta preguntas. Esa primera vez conviene gastarla en casa y no el día del examen.
A partir de ahí, uno cada dos o tres semanas deja espacio para corregir. Más a menudo y el simulacro se convierte en un test con pretensiones: detecta agujeros que no te da tiempo a cerrar antes del siguiente. Más espaciado y pierdes la costumbre del reloj, que es justo lo que venías a entrenar. En el último tramo, cuando ya tienes el temario entero, la cadencia puede apretarse a uno por semana.
Nada de esto sustituye a los test cortos del día a día, que tienen su propia lógica y su propio momento: la contamos en estudiar por test desde el día uno.
La penalización decide qué contestas
Las bases lo dicen así: «cada contestación errónea se penalizará descontando un cuarto del valor de una respuesta correcta». Y añaden una frase que mucha gente pasa por alto: «Las preguntas sin contestar no restarán puntuación».
Traducido: cada cuatro fallos te borran un acierto. De ahí sale una consecuencia que conviene tener decidida antes del examen, no durante.
Con cuatro opciones y una sola correcta, contestar a ciegas no te perjudica. Si aciertas sumas uno; si fallas restas un cuarto. Como a ciegas aciertas una de cada cuatro veces, el saldo esperado es ligeramente favorable: una pregunta ganada por cada dieciséis contestadas al azar. Y en cuanto descartas opciones deja de ser una apuesta. Con tres opciones en pie, el saldo sube a un sexto de acierto por pregunta; con dos, a tres octavos.
Dejar una pregunta en blanco, en este examen, casi nunca es la mejor jugada. Y eso es exactamente lo que un simulacro entrena: la costumbre de descartar en vez de rendirse.
Marta y sus 70 preguntas
Supongamos que Marta hace la primera parte completa. Contesta 62 preguntas y deja 8 en blanco porque no las ve claras. Acierta 44 y falla 18. Los 18 fallos le descuentan 18 entre 4, es decir, 4,5 aciertos: se queda en 39,5 aciertos netos sobre 70.
Dos semanas después repite. Esta vez no deja ninguna en blanco: en seis de las ocho que antes evitó consigue descartar al menos una opción, y contesta las ocho. De esas ocho acierta 3 y falla 5. Su cuenta final es 47 aciertos y 23 fallos: 47 menos 23 entre 4 son 41,25 netos.
Mejoró casi un acierto y medio sin saber más derecho que hace dos semanas. Solo dejó de regalar las dudas. Las cifras de Marta son inventadas como ejemplo; la regla del cuarto y el que las preguntas en blanco no resten, no: están en las bases.
Qué mirar después, que es donde está el trabajo
Corregir un simulacro no es contar aciertos. Es clasificar cada fallo en tres montones, y son tres problemas distintos con tres soluciones distintas.
El primero es no lo sabía: materia que no has estudiado o que se te ha borrado. Eso es temario, y vuelve al plan como estudio.
El segundo es lo sabía y lo confundí: dos figuras parecidas, dos plazos que se cruzan, dos órganos que se solapan. Es el montón que más puntos te va a dar, porque no te falta materia, te falta distinguir. Se arregla poniendo las dos cosas confundidas una al lado de la otra, nunca estudiándolas por separado otra vez.
El tercero es lo sabía y leí mal: el «salvo», el «no», el «en todo caso». Ese no se arregla estudiando. Se arregla haciendo más simulacros con el reloj puesto.

Los resultados, con las preguntas falladas para revisarlas una a una. Captura de Cinosura con datos de ejemplo.
Apunta también dos cosas que no salen en la nota. Una, las preguntas que acertaste dudando: cuentan como acierto hoy y como fallo probable dentro de un mes. Dos, el reloj: en qué número ibas al llegar a la hora y cuántos minutos te quedaron para el supuesto práctico.
Todo lo que salga de esos montones vuelve al plan como repaso programado, no como una lectura más cuando te acuerdes. Por qué el repaso tiene que caer en unas fechas y no en otras lo explicamos en la curva del olvido.
La semana antes del examen
El último simulacro completo conviene hacerlo una semana antes, no la víspera. Lo que encuentre todavía da tiempo a arreglarlo, y lo que no, al menos no te lo descubres con el examen encima.
Los días siguientes no son para materia nueva ni para más simulacros enteros: son para los tres montones. Las confusiones, enfrentadas de dos en dos; los datos que fallaste, repasados en corto; y poco más. Llegar descansado puntúa más de lo que parece, y a esas alturas nadie aprende un tema entero.
Si quieres orientar los simulacros por donde más aprieta el tribunal, en Cinosura tienes lo que más cae de cada tema, sacado de los exámenes oficiales de convocatorias anteriores.



